¡Chuta!… a vos te pagan y a mí no…

Recién regresé de un viaje que cruzó las fronteras de mi querido Perú y me llevó al vecino país ecuatoriano… y ¡chuta! Me encontré con una realidad más o menos parecida pero más afable en algunos aspectos culturales… (Por cierto chuta es algo así como “asu madre”)
La razón de nuestro viaje era asistir a la Tercera Jornada Internacional Teatro De Oro de Machala que tiene como objetivo fomentar el desarrollo del teatro en esta ciudad, brindando a su gente la posibilidad de ver teatro de diversos géneros y puestas en escenas no solo del mismo Ecuador sino también de Colombia, Perú, Argentina, México y otros.
En realidad esta jornada teatral es realmente larga y quizás la más importante actividad cultural ligada al teatro en esta ciudad de ahí su importancia y su valor. Inició el 1 de julio y aún se prolongará hasta el 21 de agosto. En realidad ha sido una experiencia renovadora participar de él y por lo tanto en la siguiente nota comentaré más detalladamente al respecto del mismo.
Volviendo al tema ¡Chuta!… a vos te pagan y a mí no… viene a colación de un pensamiento que me vino dando vueltas en la cabeza desde el Ecuador y que me ha hecho preguntarme porque somos tan mezquinos con el arte en nuestro país.
Siendo países hermanos y tan parecidos es interesante preguntarse como es que en este país se ha logrado darle mayor fuerza y apoyo a la actividad cultural que el nuestro. Para muestra un ministerio. Ellos tienen un ministerio de cultura…. Nosotros no. Y por dar un ejemplo: a los chicos que participan del taller de teatro de la universidad de Milagro se les da una ayuda económica de 50 dólares mensuales “para incentivarlos a participar” en dicho taller. ¡Que suerte la suya! Y no es que el dinero sea lo más importante pero hay que recordar que los artistas también pagan cuentas y que merecen un salario equitativo y digno.
Creo que la mezquindad nace del propio espíritu que no tiene nada que dar y el arte tiene mucho que dar y mucho, mucho trabajo por realizar. Cada quién debería colaborar con su granito de arena ya sea creando o asistiendo a actividades culturales, apreciando el valor del trabajo artístico. El reflejo de nuestra capacidad de reflexión, pensar y sentir no debería ser una cuestión de política sino de hacer de cada uno de nosotros.












